En homenaje a la desaparición física de la Hna Ana María O'neill, Ciudadana ilustre de nuestra ciudad,
socia honoraria de nuestra asociacion, inspiradora de la constitución legal de nuestro grupo
socia honoraria de nuestra asociacion, inspiradora de la constitución legal de nuestro grupo
Voy a resumir mis sentimientos por la hermana Ana María O’Neill con una pequeña historia.
Una alumna se me acercó con los ojos rojos llenos de lágrimas. El motivo del llanto era, si mal no recuerdo, mal de amores. Esto fue un viernes, hace bastante, porque ésta alumna está ya cursando la facultad. Nos sentamos en la galería del Colegio Inmaculada de Lomas, y me empezó a contar de sus males.
Al mismo tiempo, en el CIC se realizaba una reunión de docentes, religiosos y demás; realmente no recuerdo bien el tema. Había una serie de personas circulando por las galerías, además de la típica actividad de los viernes de esas épocas.
En ese momento, apareció Ana María. Venía caminando despacito, pero muy derecha, y con una mirada súper serena. Una mirada que, yo sabía, podía endurecerse cuando era necesario, y podía ser un mar de dulzura otras veces.
Cuando pasó por al lado nuestro, nos saludó. Después le acarició una mejilla con la mano, y le dijo “Bueno, ya va a pasar”. Ustedes pensarán que es un consejo bastante pobre. Pero la cara de la alumna se iluminó, como se iluminan las caras de las personas que escuchan la palabra justa en el momento preciso. La hermana no solucionó el problema; simplemente ofreció una palabra de aliento, una señal de afecto.
La Asociación Coy Aike, aunque no es exclusivamente católica, tiene lazos innegables con la iglesia, y sin duda Ana María O’Neill es uno de los más fuertes. Sus acciones primero y sus palabras después señalaron un camino lleno de coraje, de pasión, de un compromiso que muchos soñamos y pocos tendremos la suerte de lograr. El reconocimiento que ella nos otorgó a través de Daniel Sotelo nos llena de orgullo.
Los que aprendimos de ella, los que aprendemos aún de ella, no olvidamos nunca estos gestos: son los que ya no se ven, los que son tan necesarios. Hoy no la tenemos con nosotros, pero todas esas señales de amor siguen acariciando nuestras mejillas, nuestras vidas, nuestros corazones.




