Aquí rescatamos un carta enviada al padre Osvaldo de Haedo, donde cuenta su trabajo por revovar la catequesis en epocas en donde en nuestro país eran dificiles los cambios y la snuevas propuestas renovadoras.
El primer Congreso Catequístico Nacional fue una hermosa concreción de las inquietudes que tantos y tantas catequistas veníamos experimentando en esa etapa tan rica de la Iglesia, previo al Concilio. Por experiencia propia primero, cuando nos tocó ir al “Catecismo” previo a la primera Comunión, y luego nuestra experiencia como catequistas, nos hizo descubrir que los contenidos de la fe que transmitíamos en lenguaje inaccesible para nuestros niños y recurriendo casi exclusivamente a la memoria no llegaban al corazón de los mismos. Y aquí es donde rescato la figura de muchos catequistas y sacerdotes que supieron compensar esas falencias utilizando otros métodos pedagógicos y pastorales, sobre todo testimoniales e hicieron que el Mensaje se encarnara.
En los colegios acudíamos a los catecismos más renovados que venían de Bélgica y Francia. Recuerdo haber pasado todas las vacaciones de verano, junto a un grupo de hermanas, traduciendo estos catecismos, escribiéndolos vía Stencil y Gestetner, y encuadernándolos a mano. Entonces llegó el Primer Congreso, asistíamos con gran entusiasmo. Escuchábamos a los oradores, tomábamos nota, no había mucha posibilidad de participación. Pero sentíamos que se abría un camino y así fue. Destaco una de las figuras que marcó la vida de muchos de nosotros y nos ayudó a descubrir la verdadera vocación catequística. Me refiero al Padre Frans De Vos. Tuve la dicha de haberlo podido acompañar, como discípula, desde el primer Seminario Catequístico de Lomas de Zamora (1967) y más tarde en el ISCA (1969). El Directorio Nacional de Catequesis (1967) supo retomar toda la riqueza del Primer Congreso y ponerlo a nuestra disposición.
Los grandes acontecimientos eclesiales que sucedieron y sus respectivos documentos: Concilio Vaticano II, Medellín, San Miguel, fueron alimentando nuestros corazones y ayudándonos a ahondar en esta misión tan hermosa de ser mediación para posibilitar el encuentro de cada uno de nuestros catequizandos con Jesús.
El Segundo Congreso, del cual participé activamente, fue muy rico en cuanto a la preparación previa en cada parroquia, en cada diócesis. Por eso hubo mucha participación de los catequistas, llevando sus inquietudes y buscando responder a las nuevas realidades. De ese congreso surge el documento “Juntos para una Evangelización Permanente”.
Al hacer memoria me doy cuenta que es necesario la audacia para que las transformaciones se vayan haciendo. Es decir que, antes de los grandes encuentros eclesiales hubo gente que buscó, experimentó, se animó y se jugó.
Los documentos fueron el resultado de toda esa experiencia. A su vez fueron el punto de partida para muchos otros que querían la renovación, pero no sabían cómo realizarla. También siempre hubo resistencias, lo que es normal y a veces sirven para alentar en la búsqueda.
Cuando comencé esta memoria, hablé de la inquietud que teníamos los catequistas de niños y adolescentes. Hoy me preocupa la Catequesis de adultos y sobre todo de adultos mayores para que puedan recibir el mensaje de Vida y Resurrección que nos trajo Jesús y que lo puedan encontrar en las situaciones de sus propias vidas.
Ana María O'Neill I.C.




